Encuentro entre dos mundos

América tiene más de cinco siglos de historia desarrollada al alero de los paradigmas europeos, lo que ha repercutido de múltiples formas en las personas y los diversos gobiernos americanos. Es por esto que Cannábicas Latinas quiere recordar lo que ha significado el encuentro entre estos dos mundos, las repercusiones que ha tenido en las mujeres americanas y ayudarles a reflexionar sobre cómo estamos escribiendo hoy nuestra historia cannábica.

Previo a la llegada de los españoles, los pueblos originarios de América desarrollaron múltiples conocimientos sobre su relación con el medio ambiente – naturaleza o Pachamama – que utilizaron como recurso para sobrevivir de manera individual y colectiva. Estos conocimientos les generaron alimento, abrigo, salud, organización social y formas de entender el mundo que transmitieron por muchas generaciones, siendo los chamanes o curanderas/os guardianes de gran parte de estos saberes, en especial del uso de plantas para diversos objetivos, entre ellos los fines visionarios en rituales de crecimiento psico-espiritual o adivinación. Sin embargo, esta relación cercana, formativa y respetuosa con la naturaleza fue paulatinamente modificada por la imposición de las creencias españolas en el proceso de conquista y colonización.

Con la llegada de Cristobal Colón a América se inicia un proceso de colonización tan fuerte a nivel humano, cultural, social, político, económico, científico y religioso – entre otros – que se impuso también la presunción de que las/los europeas/os eran más “evolucionadas/os” que las/los americanas/os, por lo que debían “educarles” en la “verdadera” fe y con los conocimientos del “primer mundo”, siendo esto un gran justificativo para exterminar cualquier obstáculo o persona en contra de tal planteamiento. Se desencadenó un genocidio de magnitudes que América no habían visto jamás y obligó a los pueblos originarios a esconder sus creencias y saberes mezclándose con los europeos, lo que al día de hoy se expresa como una aspiración de ser como Europa y/o el rechazo hacía las secuelas de este violento proceso colonizador.

Particularmente las mujeres hemos tenido una de las peores partes de la historia, ya que no sólo éramos “indígenas primitivas”, sino que bajo el ojo del colono europeo machista, las mujeres eran la parte débil de los pueblos y, al mismo tiempo, el trofeo de guerra de los conquistadores. Así mataron y violaron a millones de mujeres americanas, lo que hasta el día de hoy sigue sucediendo en manos de quienes heredaron estas conductas, nuestros propios hermanos americanos. No es de extrañar que tras cientos de años nos hayamos cansado de esta situación, tomemos las herramientas que están a nuestro alcance y alcemos nuestra voz para exigir respeto por nuestros derechos y trabajemos en la igualdad de género ¿no les parece?

Si podemos decir un beneficio de la colonización de América, este sería la introducción de la Cannabis sativa a nuestro continente. Si bien primero llegó como parte de las velas de los barcos de Colón, posteriormente se ordenó su cultivo en toda “la Nueva España” para abastecer de fibra a la industria naviera y producir los artículos textiles necesarios en la vida cotidiana de españoles y colonos. Sin embargo, con el paso del tiempo y la transición al paradigma prohibicionista que nos aqueja desde el siglo XX, la planta y todos sus usuarios pasaron a ser perseguidos y criminalizados, siendo las leyes de drogas las que generan gran parte de la población encarcelada. De hecho, más del 50% de las mujeres presas en los países de América son por delitos relacionados a drogas, es decir, la mayor cantidad de crímenes que cometen las mujeres son por usar drogas – o cultivarlas en el caso del Cannabis – y/o por ser parte del mercado negro en torno a las drogas ilegales, que les entrega la pequeña-gran esperanza de obtener dinero rápido para sustentarse a ellas mismas y sus familias, a pesar de todas las consecuencias a las que se arriesgan.

Lamentablemente hasta el día de hoy se ve a la mujer americana como un eslabón débil en la sociedad, siendo constantemente discriminada en diferentes áreas de su vida y violentada de forma física, psicológica y social, lo que se ve reflejado en la altísima cantidad de femicidios, denuncias por acoso y/o abuso, porcentaje de depresión en la mujer, desigualdad salarial y un largo etcétera… La mujer cannábica es aún más perseguida y penalizada todavía, ya que por el mero hecho de usar esta planta se pone en tela de juicio si somos buenas profesionales, trabajadoras e incluso madres.

En principio fueron las curanderas y las diversas culturas americanas a quienes los españoles privaron de compartir sus saberes ancestrales, hoy son nuestros mismos hermanos y hermanas quienes mantienen los paradigmas colonialistas, patriarcales y prohibicionistas que siguen afectando el bienestar de las mujeres y hombres americanos. Por fortuna, eso ha ido cambiando gracias a que las mujeres nos estamos empoderando de nuestras cualidades y hemos alzado la voz para exigir que se respeten nuestros derechos y el de todas nuestras compañeras y compañeres, así como lo han manifestado campañas masivas a nivel global como #NiUnaMenos.

Es hora que las mujeres y hombres americanos volvamos a escribir la historia con nuestras propias manos y no a la espera de “los otros”. Que busquemos nuestro propio bienestar social reconociendo la realidad que tenemos y los problemas que debemos solucionar.
Dejemos de imitar modelos foráneos y encontremos las herramientas que nos permitan desarrollar un mejor futuro para las americanas, americanos y americanes.